The Stanford Review informó el 21 de septiembre que Stanford Residential & Dining Enterprises utilizó en un anuncio una fotografía de un estudiante alterada con IA. Billy Ramirez, integrante de la promoción de 2027, dijo a la publicación que lo habían eliminado de la imagen. El periódico describió a la persona que lo sustituyó como una mujer negra generada con IA e informó de cambios en los rostros y la complexión de otros estudiantes.

Ramirez dijo a The Stanford Review que el cambio le hizo sentirse «silenciado y borrado». La publicación mostró imágenes etiquetadas como antes y después. Tanto la información como la comparación de imágenes proceden del medio; BIG CHANGE no ha verificado de forma independiente los archivos originales, la herramienta de edición, los permisos ni el historial de aprobación. El reportaje de The Stanford Review

La queja plantea quién controla la representación de una persona después de tomarle una fotografía.

El cambio de fondo

  • Qué ha cambiado: La edición generativa amplía el control de una publicación: ya no abarca solo cómo presenta una fotografía, sino también a quién parece mostrar. La persona fotografiada puede perder el control de su representación aunque el resultado siga pareciendo una fotografía.
  • Por qué importa: Aceptar aparecer en una fotografía y dar el visto bueno a una imagen propia alterada son decisiones distintas. La objeción de Ramirez se refiere a esa pérdida de control sobre cómo se le representa.
  • Qué conviene observar: La aprobación de la representación final es el punto de presión para el marketing universitario. Atribuir la imagen a una herramienta de IA no resuelve por sí solo la objeción de un participante a cómo se le representó.

Las normas de Stanford distinguen el retoque de la representación falsa

Las directrices actuales de Stanford sobre comunicación e IA exigen permiso por escrito para usar la imagen de una persona y consentimiento explícito para representaciones sintéticas de personas reales. Prohíben representar falsamente a Stanford y exigen revelar el uso de IA cuando la generación o manipulación no declarada pueda inducir a error.

En el caso específico de Stanford Report, permiten mejorar la calidad de las imágenes y hacer retoques menores si se informa de ello a los editores que las reciben; el uso de imágenes generadas queda a criterio editorial.

La divulgación explica el método de producción. El permiso se refiere a la persona representada. La precisión se refiere a lo que la institución comunica a su público. Mencionar una herramienta de IA no responde a las tres cuestiones.

La página no muestra fecha de publicación. Por tanto, su redacción actual no permite establecer qué normas estaban vigentes cuando se creó el cartel del que se informó ni demostrar que en este caso se incumplieran.

La universidad ya aborda las ediciones de fotos que inducen a error

Las recomendaciones de Stanford para la comunicación visual y creativa piden a quienes comunican en nombre de la institución que representen a las personas con fidelidad. Advierten contra los montajes que hacen parecer que personas fotografiadas por separado estuvieron juntas y contra alterar tonos de piel para crear una impresión artificial de diversidad. Los ejemplos de la propia guía dejan claro que la representación forma parte de la responsabilidad editorial, también cuando se usan métodos convencionales de manipulación fotográfica.

Su guía de fotografía recomienda obtener autorizaciones, conservarlas indefinidamente y optar por retratos auténticos sin retoques intensos. También identifica SALLIE, la base de datos que Stanford ya utiliza para sus fotografías, vídeos y otros recursos de comunicación.

Estos documentos sitúan la queja denunciada en un contexto concreto. La institución ya publica normas sobre permisos, autenticidad y tratamiento de imágenes. La cuestión aún sin resolver es cómo se produjo y aprobó el cartel en cuestión.

La objeción del participante merece una respuesta sobre la imagen concreta

El material público consultado para este artículo no permite establecer quién pidió los cambios, qué instrucciones recibió quien editó la imagen o la herramienta, ni qué permisos se obtuvieron. En las búsquedas realizadas el 22 de septiembre no encontramos una respuesta pública de Stanford ni de R&DE a la queja. No hemos contactado con la universidad; que no aparezca en esas búsquedas no demuestra que se negara a hacer comentarios.

Nuestra conclusión es que el uso institucional de IA debe evaluarse según la representación que se publica y los permisos disponibles para esa representación. Esta conclusión se desprende de la objeción que expresó el estudiante, según el reportaje, y de las distinciones que establece Stanford en sus propias normas. Las pruebas disponibles no permiten establecer una motivación institucional.

Rectificación, 22 de septiembre: Una versión anterior incluía escenas ilustrativas inventadas y afirmaciones sin respaldo sobre costes y el comportamiento futuro del sector. Hemos eliminado esos pasajes. Esta versión se basa en información atribuida a sus fuentes, las directrices publicadas por Stanford y un análisis vinculado a esas fuentes.